Reflexionando sobre este tema, mientras viajaba a Santiago y miraba las luces de ala del avión me dije que en este ámbito, el aeronáutico, la tecnología ha alcanzado un desarrollo importante, sino espectacular. El avión en que viajaba era un AirBus, el que me pareció muy elegante. Pero, no es mi intención hablar de aviones, sino el llamar la atención a un hecho que parece cotidiano, pero que no deja de ser sorprendente: El vuelo de los aviones.
Pareciera que la condición natural del hombre sea la de caminante, ya que no se le dotó de alas sino de piernas para desplazarse. Pero, dado su ingenio, ha logrado construir estos gigantes voladores que le permiten desplazarse por los aires, recorrer enormes distancias y acortar los tiempos de viaje.
Sin lugar a dudas, el hombre no volará como las aves, ya que este tipo de vuelos carece de la gracia y sincronismos de estos, pero, el hecho práctico es que el vuelo lo utiliza para transportarse y trasladar enormes cargas en forma rápida.
Pese a lo anterior, el vuelo de los aviones no deja de tener su encanto, sobre todo si se le mira planear, cosa que hacen con gracia. Y si se va en el vuelo es a ratos agradable y a ratos inspira temor.
Pensaba en eso mientras mis oídos zumbaban y un dolor de cabeza me molestaba. Sin lugar a dudas a la tecnología en este campo le falta mucho por recorrer. Tal vez en el futuro ya no se sentirán los molestos efectos del despegue y aterrizaje; quizás los aviones sean más silenciosos,mas amplios, no sé. Pero, aun le falta mejorar.
El hombre estaba cansado, fatigado por sus largas jornadas, y miró al cielo y pidió descanso.
La mujer estaba sola, desamparada como una paloma perdida, y miró al cielo y pidió compañía.
Y en el cielo dijeron: Este hombre trabaja demasiado, démosle descanso.
Y otros dijeron: esta mujer está muy sola, démosle compañía.
Entonces Dios dijo: Por Un día y sólo un día; Demos al hombre una mujer que lo haga descansar y demos a la mujer un hombre que la haga sentir protegida.
Y en el cielo todos asintieron complacidos.
Y una mañana, de un claro diciembre, el hombre y la mujer cruzaron su camino, y Dios les dio un día soleado y mar en calma. Y ordenó al Amor que les arrullara. Y el hombre, a orillas del mar, descansó en los brazos de la mujer y la mujer acurrucada en los brazos del hombre por fin se sintió protegida y dejó de estar sola. Y al medio día el hombre y la mujer estaban felices.
Y en el cielo todos se regocijaron.
En la tarde, cuando el día comenzó a morir. Y el sol tiño de rojo, de naranja y de amarillo las aguas del mar. El hombre soltó de sus brazos a la mujer y ella soltó su mano de la del hombre.
Y el hombre se miró en los claros ojos de la mujer y dio las gracias. Y la mujer se reflejó en la mirada del hombre y agradeció. Y, ante la inevitable separación, ambos quisieron permanecer juntos…
Pero, el amo del tiempo apuró su reloj. Y cuando la noche llegó, el hombre y la mujer, sintiendo una enorme desazón, mirando hacia atrás; se alejaron, y cuando las estrellas temblorosas poblaron con su tristeza el negro cielo, vieron que el hombre y la mujer lloraron.
Y entonces en el cielo todos guardaron silencio
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Esas bitácoras ¿desconocidas?Hace 16 años
