No volverás ni volveremos
A mirar el cielo raso blanco
Que fue nuestro cielo
No volverá tu desnudes a iluminar la triste pieza
Ni las oscuras paredes nos miraran fisgonas
No volverás a mirarte en el espejo de mis ojos
No nos contemplaremos en la cama trastornada
No cubriremos con nuestra desnudes las sabanas mojigatas
Tu piel temblorosa ya no recorrerá mis manos
No volverás ni volveremos no porque no podamos
Si no porque no queremos
Volver a mirar el cielo raso
Que ya no es nuestro cielo
Ni a iluminar con tu desnudes la triste pieza
Ni aceptar las miradas fisgonas de oscuras paredes
Ni reflejarme en el espejo de tus ojos
Ni a descubrirnos en la cama perturbada
Ni cubrir nuestra desnudes con sabanas puritanas
Ni tu piel recorrer con mis manos temblorosas
No volverás ni volveremos porque aun no sabemos
Si estuvimos ahí o deliramos.
No volverás ni volveremos porque queremos
Guardar lo vivido como un sueño.
Ella lo amaba; él a ella también. Ella deseaba que él solo se fijase en ella; él solo tenía ojos para ella. Ella se sentía morir por el; él daba la vida por ella.
El y ella se habían conocido un día de mayo en que las lluvias eran suaves y desde ese día, como los rieles del tren, sus vidas comenzaron a correr por la misma vía. El junto a ella sin separase jamás, pero, sin unirse nunca.
Ella quería que esa distancia se hiciera mas corta, ella quería ser una con él.
Ella lo amaba, pero, nunca creyó en el. Ella pensaba que el no la amaba. Ella pensaba que el se iría. Ella pensaba que en algún lugar sus vidas se separarían.
El no pensaba alejarse. El quería quedarse. El sentía que no le creían, el la amaba más para que le creyera.
Ella quería que el sólo la amase a ella. El sólo podía amarla. Ella pensó que eso no era suficiente y quería aun más. Ella lo amaba inmensamente. El la amaba intensamente.
Y ella dijo: Quiero que él me ame con toda su alma y daría la vida por ello.
El hado, que escuchaba escondido tras un seto, decidió hacer cierto su deseo.
El la amaba más y en la piel de ella, en su blanca tez, apareció un pliegue.
El la amaba más y ella aun creía que era poco.
El la amaba más y el notó en el pelo de ella una blanca mancha.
A medida que el más la amaba ella más envejecía.
El sintió una infinita pena al ver que ella moría. Y en ese momento la amó aun más.
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Esas bitácoras ¿desconocidas?Hace 16 años

