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No Volveremos  

Posted by Errante in

No volverás ni volveremos

A mirar el cielo raso blanco

Que fue nuestro cielo

No volverá tu desnudes a iluminar la triste pieza

Ni las oscuras paredes nos miraran fisgonas

No volverás a mirarte en el espejo de mis ojos

No nos contemplaremos en la cama trastornada

No cubriremos con nuestra desnudes las sabanas mojigatas

Tu piel temblorosa ya no recorrerá mis manos

No volverás ni volveremos no porque no podamos

Si no porque no queremos

Volver a mirar el cielo raso

Que ya no es nuestro cielo

Ni a iluminar con tu desnudes la triste pieza

Ni aceptar las miradas fisgonas de oscuras paredes

Ni reflejarme en el espejo de tus ojos

Ni a descubrirnos en la cama perturbada

Ni cubrir nuestra desnudes con sabanas puritanas

Ni tu piel recorrer con mis manos temblorosas

No volverás ni volveremos porque aun no sabemos

Si estuvimos ahí o deliramos.

No volverás ni volveremos porque queremos

Guardar lo vivido como un sueño.


Morir de amor  

Posted by Errante in


Ella lo amaba; él a ella también. Ella deseaba que él solo se fijase en ella; él solo tenía ojos para ella. Ella se sentía morir por el; él daba la vida por ella.

El y ella se habían conocido un día de mayo en que las lluvias eran suaves y desde ese día, como los rieles del tren, sus vidas comenzaron a correr por la misma vía. El junto a ella sin separase jamás, pero, sin unirse nunca.

Ella quería que esa distancia se hiciera mas corta, ella quería ser una con él.

Ella lo amaba, pero, nunca creyó en el. Ella pensaba que el no la amaba. Ella pensaba que el se iría. Ella pensaba que en algún lugar sus vidas se separarían.

El no pensaba alejarse. El quería quedarse. El sentía que no le creían, el la amaba más para que le creyera.

Ella quería que el sólo la amase a ella. El sólo podía amarla. Ella pensó que eso no era suficiente y quería aun más. Ella lo amaba inmensamente. El la amaba intensamente.

Y ella dijo: Quiero que él me ame con toda su alma y daría la vida por ello.

El hado, que escuchaba escondido tras un seto, decidió hacer cierto su deseo.

El la amaba más y en la piel de ella, en su blanca tez, apareció un pliegue.

El la amaba más y ella aun creía que era poco.

El la amaba más y el notó en el pelo de ella una blanca mancha.

A medida que el más la amaba ella más envejecía.

El sintió una infinita pena al ver que ella moría. Y en ese momento la amó aun más.

Ella comenzó a morir. Y al morir no se sintió amada.